Un jugador de Blackjack sabe que se necesitan unos pocos minutos para aprender Blackjack, algunos meses para jugarlo bien y toda una vida para dominarlo. Y a menudo resulta fácil olvidar lo que ocurre al otro lado de la mesa. La reportera Meghan Kalkstein tomó la determinación de descubrir exactamente cuán duro es el trabajo del crupier.

Antes de poder convertirse en crupier, Meghan, que poseía conocimientos muy limitados del juego, se inscribió en un curso intensivo del Three Rivers Casino. Se trató de un curso muy rápido, en nada comparable a un verdadero curso que exija 50 horas de pruebas antes de permitirle a una persona recibir un certificado oficial, pero de todos modos, Meghan aprendió algo de lo que significa ser un crupier exitoso.

Rápidamente comprendió que ser crupier es más que repartir cartas. Comentó “no es tan fácil como parece, existen muchos procedimientos que hay que recordar, incluyendo gestos con las manos, maneras de dar vuelta las cartas, y por supuesto, matemática”. Aparentemente, el ruido y todas la luces también dificultaban la tarea. “Es fácil repartir las cartas en un sala aislada y silenciosa, pero en el verdadero pozo se necesita absoluta concentración, o significa el fin.”

Así que ¿cómo terminó su experiencia como crupier? Al parecer cometió varios errores en la mesa. Meghan olvidó permitirles a los jugadores actuar primero, entregar ganancias y se olvidó de cómo doblar las apuestas.

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